Transcripción (casi) literal de la grabación. Posteriormente se hicieron algunas correcciones y se publicó junto con otras en el ya desaparecido blog de Josep. Ha pasado tiempo de esto, por eso algunas de las ideas que se expresan están un poco desfasadas…

¿Cómo te definirías como atador en tus propias palabras?

Me definiría como un atador que intenta hacer un shibari occidental contemporáneo tras haber pasado la gripe del japonismo. Intento entender a través del shibari mi propia relación con las cuerdas y crear una estética propia, una expresión personal. El shibari hasta ahora lo entendíamos como algo puramente japonés, pero creo que los occidentales estamos alcanzando una cierta autonomía estética y técnica.

¿Cuándo y cómo empezó tu interés por las cuerdas y las ataduras?

Con diez años até a mi prima en el campo, jugando a indios y vaqueros… Me acuerdo como si fuera hoy. Estando ella atada en el suelo apareció a lo lejos mi tía, y de repente tuve la sensación de estar haciendo algo malo. La desaté rápidamente, a escondidas… Por supuesto solo estábamos jugando, pero se mezcló una sensación que con la distancia puedo definir como morbosa. Más tarde conocí a Kuss, mi pareja, hace unos quince años… Y cuando me preguntó si querría atarla apareció de nuevo esa pulsión. Me hice un poco el interesante, pero internamente estaba aplaudiendo. Y empezamos a trabajar con cuerdas desde la más absoluta ignorancia, sin saber muy bien qué hacíamos. Comprábamos cuerdas en el Decathlon y hacíamos cosas muy extrañas pero que nos erotizaban completamente. Localicé recursos en Internet: por aquel entonces no distinguía entre las mujeres atadas en las webs pornográficas americanas y las chicas japonesas, que también aparecían atadas pero con una estética y un morbo muy diferentes… Paralelamente, buscamos el ambiente kinky de Barcelona, con cierto miedo o recelo porque entonces el ambiente era más cerrado. Empecé a conocer gente en alt.com… Y ahí una amiga me invitó al Rosas para conocer a Kurt, de quien sabíamos que había estudiado shibari en Japón. Ese día Kurt tenía visita, una amante de fuera del país[a] con quien iba a tener una sesión de cuerdas. Y mi amiga le pidió a Kurt si podíamos verla. Le costó convencerle, pero nos dejó si nos quedábamos calladitos en las gradas. Para mí fue una revelación, porque además Kurt tenía ganas ese día… Fue una sesión impresionante.

¿Solo hubo cuerdas u otras actividades?

Principalmente cuerdas, porque cuando Kurt sacó un látigo mi amiga sugirió que nos fuéramos para darles intimidad. Yo estaba francamente perturbado: nunca había presenciado una sesión, y esa me hizo entender qué podía ser el shibari. Hicimos algún curso con Alfil, buscamos información…

¿Asististe a algún otro taller?

Kurt organizó un curso con Matthias Grimme en 2008, años más adelante, y ahí nos encontramos de cara con el conocimiento: cuando Matthias vio las cuerdas con las que veníamos nos tuvo que prestar unas de verdad. Nos enseñó el takatekote y su sentido, entendimos en qué consistía una suspensión bien hecha… Kurt estaba en contacto con el shibari tradicional, pero Matthias llevaba una trayectoria de desconexión, tenía su propio estilo minimalista. Su compañera, una mujer corpulenta a diferencia de lo que era habitual ver en modelos, hizo un espectáculo fascinante que fue clave para Kuss: un solo de autosuspensión, algo que ni sabíamos que existiera.

Por esa época estuvisteis un par de años en Madrid…

Dos años durante los que conocimos a la comunidad BDSM madrileña alrededor del Dark Sabbath de Dávide, con unas fiestas muy bonitas, de cien personas… Y no sabíamos muy bien por qué, pero cuando sacábamos las cuerdas en esas fiestas la gente se ponía alrededor a mirarnos. Nos encantaba. En esas fiestas empecé a darme cuenta de que las cuerdas servían para crear canales de comunicación, amistad y relación. Una persona organizaba reuniones los domingos en un garaje de Lavapiés. Lo usaba para aparcar las bicicletas, pero de vez en cuando organizaba cosas con sus amigos del mundo BDSM… Conectamos bien y me ofreció el local para organizar algún tipo de reuniones sobre cuerdas. En paralelo, una amiga buscaba gente para una suspensión múltiple en el campo… Decidimos en una noche de chat organizar una reunión mensual de aficionados a las cuerdas, para romper la soledad y conocer gente que pudiera participar en ese y otros proyectos. Así nacieron los “Encuentros de cuerdas”. No había interés económico: la gente pagaba diez o doce euros y nos lo gastábamos en banquetes comunitarios [Risas]. Se creó una comunidad con gente como Antonio Shibarita[b], Zor, Desper_TNT… El primer Encuentro de Cuerdas fue sonado: vinieron Kurt y Alfil gracias a una amiga común, pasaron el fin de semana con nosotros… Fue muy bonito.

Abriste una web llamada A passion play, que incluía entre otras cosas tutoriales detallados de diversas ataduras… ¿Qué proyecto tenías en mente con esa web y los tutoriales?

A Passion Play la creamos para dar soporte a los Encuentros de Cuerdas. Los tutoriales me causaron problemas, la gente que estudiaba shibari en esa época y gastaba un dineral en viajar a Japón se sintió invadida porque yo colgara tutoriales gratuitos… Intentaba compartir el poco conocimiento que tenía, pero eso es algo que la comunidad de cuerdas siempre me criticó. Era un sitio despersonalizado, yo casi no aparecía. Hoy en día hay menos clandestinidad, pero entonces yo trabajaba en proyectos con escuelas y procuraba que todo fuera bastante anónimo.

¿En los Encuentros de Cuerdas cada cual ataba como quería o hacíais talleres?

Como nadie sabía nada, acabamos haciendo una especie de mini-formación para la gente nueva que llegaba y no tenía ni cuerdas. Empezábamos con el nudo básico o el karada, lo que imaginábamos en esa época que era era el shibari. Y cuando luego volví a Barcelona me di cuenta de que aquello había causado un conflicto, porque desde aquí se vio como una competencia desleal.

¿En cuanto a la transmisión del conocimiento?

Sí. En la inauguración de los Encuentros de Cuerdas me di cuenta de la diferencia, cuando intenté ver un detalle del takatekote que estaba haciendo Alfil. Para nosotros entonces el takatekote era una ciencia esotérica… Y Alfil giró a su modelo para ocultarme los detalles del proceso. Con el tiempo supimos que los japoneses tampoco regalan los conocimientos, pero para nosotros era algo impensable, porque intentábamos salir de la ignorancia. Cuando luego volvimos a Barcelona, Kurt planteó hacer una vez al mes un dojo de cuerdas en el Rosas, que se hizo cuatro o cinco veces, creo. Y en el primer dojo al que fui, muy ilusionado, Kurt y Alfil me sometieron a un juicio sumarísimo por haber estado yo enseñando cosas en Madrid. Para mí aquello supuso una ruptura, un shock, me sentí expulsado del pequeño círculo del shibari barcelonés. Aún así, y gracias a que luego nació el Nido del Escorpión, encontramos un camino para seguir haciendo cosas.

Hablemos de los Nidos de Cuerdas, los talleres de iniciación y nivel intermedio que organizaste en el Nido del Escorpión… ¿Qué pretendías con ellos?

Después del divorcio con el pequeño círculo del shibari barcelonés, encontramos nuestro sitio en un proyecto personal de Josep Lapidario y Françoise. Porque nunca terminamos de acoplarnos a los círculos del BDSM tradicional. Seguimos colaborando de vez en cuando con el Rosas, pero frecuentamos bastante el otro círculo, el de las señoras dominantes del Fetish Café. Hubo un tiempo en que nos sentíamos muy a gusto: tenía buenas instalaciones para hacer suspensiones y había un ambiente muy bonito. Tú ibas también por ahí… Y muchas chicas, que era lo interesante. Estábamos en el círculo de Desper_TNT, Lily… Un grupo de gente que no estábamos muy por la labor del BDSM cultivado en el Rosas de los señores Dominantes de negro sentados en el sofá con la sumisa sosteniendo el cubata mientras ellos fumaban un puro. Cuando empezasteis el proyecto del Nido del Escorpión todos emigramos rápidamente ahí porque nos sentíamos como en casa. Me identifiqué completamente con el proyecto del Nido. Era fascinante esa mezcla tan extraña de encuentros BDSM-friendly, clubes del libro, fiestas toga… Lo recordamos todos con mucho cariño. Busqué una manera de implicarme, y se nos ocurrió la idea del Nido de Cuerdas. Yo buscaba no tanto enseñar como extender la cultura de las cuerdas, no de una manera elitista o secreta como se hacía en otros círculos. Pensé que sin más gente con quien trabajar, colaborar o comparar, nos íbamos a sentir solos… Eso ahora puede no entenderse, porque ahora quien quiere aprender puede hacerlo en muchos sitios, pero por aquel entonces Kurt no quería enseñar, nadie organizaba talleres regularmente, un curso de Osada Steve costaba centenares de euros…

En los Nidos de Cuerdas hubo muchos bautizos. Ocho parejas por sesión, una vez al mes, varios años…

Estuvimos hasta el cierre del Nido. Para mí fue una experiencia muy interesante, porque pasaron por ahí cientos de personas. También fue frustrante, porque de todas esas personas quedaron muy pocas activas. Creí que íbamos a crear más afición. Mi manera de enseñar ha cambiado, entonces empezábamos con una cosa muy técnica… En ese sentido no éramos aún maduros, y no ofrecimos quizá lo que todo el mundo estaba buscando. De ahí salieron Rock&Wolf, Malporro y alguien más, pero en conjunto un porcentaje del 2-3%.

En 2010 Kurt trajo a Osada Steve a Barcelona por primera vez. ¿Qué recuerdas de esa experiencia?

Nos maravilló… Fue un monográfico de cinco días de shibari para show. Ahí nos enseñó las cosas que habíamos visto en los vídeos y en las fotografías. Y también mencionó que empezaba a trabajar con Yukimura: aunque Steve era de la escuela de los atadores de escenario, nos dijo que con Yukimura había empezado a entender el shibari tradicional. Steve conocía bien la mentalidad occidental: abrió varias escuelas, una especie de franquicia de su estudio, y formalizó la enseñanza del shibari, por ejemplo fijando un número de pasos para hacer el takatekote. Los que estaban en su escuela tenían dos o tres detalles secretos que no conocían los demás, y se comprometían a no enseñarlos fuera. Comercialmente funcionaba muy bien, y los cursos eran caros. Todo eso ayudaba a que se creara una especie de mística del shibari, Osada era una estrella del rock. Y con su método de enseñanza se nos creó la idea de que el shibari era lo que Osada hacía. Una idea que aún perdura, porque la gente sigue haciendo el takatekote de Osada, o el de Kinoko, que es el mismo con pequeñas variaciones, pensando que el shibari es eso. Y empezamos a hacer todos exactamente lo mismo. [Risas] Fuimos a todos los cursos que impartían japoneses. Conocimos a Kinoko, a Otonawa, más adelante vinieron Yukimura, Naka… Y cada vez que venía un japonés nos decía: “¡todos hacéis el mismo takatekote!”. Empezamos a ver que no existía la idea de un shibari, sino que era una cosa más holística, más complicada pero a la vez más simple. Yukimura fue la clave.

Fuisteis al taller que impartió en Copenhague…

Durante el segundo curso de Steve en 2011, insistió más en Yukimura y las diferencias respecto a lo que él hacía, y estábamos todos fascinados a pesar de que había muy poco material sobre Yukimura. En el taller que dio Yukimura en el dojo de Copenhague estuvieron Nuitdetokyo, Esinem, Wykd_dave, Pilar LaOtra, Camelia, Desper_TNT… Un pequeño congreso de atadores europeos alrededor del abuelo Yukimura.

¿Cambió tu forma de ver el shibari cuando conociste a Yukimura?

Completamente. Hubo un antes y un después de Yukimura. Allí se cuestionó esa idea de que el shibari era solo lo que hacía Osada Steve. Yukimura nos hizo entender el hilo del shibari con la cultura japonesa. Yukimura era un erudito, estudioso del hojojutsu, calígrafo… Nos explicó por ejemplo qué relación había entre la caligrafía y sus movimientos al mover a la modelo, o qué relación había entre la forma de los kanjis y la forma de sus atados. Tuvimos la suerte de que quien traducía y ampliaba la información era Nuitdetokyo, un buen traductor. Fueron solo seis horas, una mañana, pero fue como si de repente viéramos toda la historia del shibari japonés clara y evidente. Hicimos muy pocos ejercicios, fue un taller de despejar las nubes y entender qué relación tenía el shibari con la cultura japonesa… Hay casi una línea directa entre el shibari primitivo de Itoh Seiyu y lo que hacía Yukimura. Nos cambió la vida. Además, Kuss hasta entonces había sufrido la manera en que los occidentales aprendíamos, básicamente “tú quédate ahí quieta y aguanta lo que yo haga”. Actitud que también hemos visto en otros atadores japoneses, pero Yukimura nos explicó otra vía: creo que es el único que nos ha ofrecido un camino de comunicación real con la modelo. Yukimura ataba para la modelo; Steve y Kinoko atan para el público.

¿Habíais ido también a un taller de Kinoko en Roma, no?

Fue un taller complejísimo, con atados fascinantes y superelaborados. Era muy gracioso porque estábamos los atadores cada uno en su sitio, Kinoko hacía el siguiente paso e íbamos todos los atadores a verlo de cerca y luego volvíamos, dejando a las modelos ahí esperando a medio atar. Kuss le preguntó qué podía decirle del trabajo de las modelos, y Kinoko contestó: “pues nada, relajarse y disfrutar”. Kuss pilló un mosqueo… Además, la chica que venía con él, una persona fascinante que hablaba cinco idiomas y traducía el curso mientras estaba atada, también dijo lo mismo.

El que sí os dio pistas pues sobre la comunicación con la modelo fue Yukimura, entonces.

Yukimura cambió nuestra manera de trabajar. Kuss y yo somos del shibari del espectáculo y mi técnica estaba basada en el takatekote y el yokotsuri, en la línea de Steve o Kinoko… Pero a partir de Yukimura a todos nos entró la idea del newaza, el trabajo en el suelo. Que parece fácil, pero vimos lo complicado que era. Cuando vinieron Max y Tina a Gijón, nosotros pedimos un par de horas de clase particular sobre eso. Con Yukimura habíamos visto la punta del iceberg… Cuando hacíamos los ejercicios de exhibición durante el taller de Yukimura yo abría de piernas a Kuss y Yukimura miraba y se reía, jijiji [Risas] En cierto momento había que hacer un movimiento en el suelo, una transición en que Kuss estaba tumbada de lado y tenía que ponerla a cuatro patas. Y yo no lograba levantarla. Había que meter la mano por debajo, hacer palanca… Vino Yukimura, hizo un pequeñísimo gesto y paff, Kuss estuvo en posición en un segundo. Yukimura ató miles de mujeres en toda su vida, y prácticamente solo hacía suelo. Por la noche, en la parte más de dojo, los de Copenhague se pusieron a atar en sus puntos de suspensión, y Yukimura lo veía y decía “uyuyuy, yo no hago esas cosas”. Y de hecho nadie hacía caso a Yukimura fuera de la clase. Eso me lo contó Pilar LaOtra, que nosotros nos tuvimos que ir antes: Pilar y Sita estuvieron ahí con él… Pero nadie más se acercó, se dedicaron a colgar a sus chicas con su propio sistema. Yukimura no hablaba inglés y el traductor no estaba, así que estuvieron jugando con Yukimura solo con sonrisas y cuerda hasta que se marchó, y nadie le preguntó nada. Qué pena. Al poco tiempo Yukimura murió y perdimos una enciclopedia humana del shibari.

Por esa época empezaste con el grupo de estudiantes de shibari en Rosas 5…

Cuando Rock&Wolf y Malporro[c] se hicieron cargo del Rosas 5 empezamos Kuss y yo a vivir en el local [d]y a participar en los proyectos de Tentesion como el Tattooatados o el Shibari Experience, como manera de apoyar el club… Cuando perdimos el Nido yo tenía un vacío, necesitaba seguir creando relaciones. Un curso de shibari es como un flash en la oscuridad: un fin de semana, cinco días… Pero ¿qué haces el resto del tiempo? No es lo mismo trabajar en casa con tu pareja o quedar con alguien para una sesión que estudiar, perfeccionar o recordar lo aprendido en los cursos. Se nos ocurrió la fórmula de un grupo de trabajo. Había poco espacio en el Rosas, así que limitamos el grupo a cinco o seis parejas y planteamos que pudiera ir más gente de oyente en las gradas. Solo pedí dos cosas: primero, compromiso de asistir al encuentro mensual, si una pareja falla pierde su plaza. Y segundo, cada uno de los participantes debía llevar un tema para desarrollar: algo de historia del shibari, un atado… Inventamos por ejemplo ejercicios de respiración abdominal para la modelo. Intentamos también traducir material inglés al castellano: luego ya empezó Camelia Tsubaki a crear y traducir textos, pero por entonces no había nada. Estuvimos un año, casi… No sacamos adelante las traducciones, pero sí un ritmo de trabajo potente.

¿Fue entonces cuando participaste en el EURIX, el encuentro de atadores del Schwelle 7?

Ese fue el primer momento en que empecé a pensar en el shibari como algo más contemporáneo, más europeo. El EURIX es un reto, porque te invitan a ir y tienes que presentar algo. No sabía qué presentar, así que estuve tres o cuatro meses trabajando casi diariamente en casa con dos o tres amigas hasta que apareció una línea de trabajo que aún continúo y funcionó bien en el EURIX.

¿En qué consistía esa forma de trabajo nueva?

Una forma de atar distinta, con características que la alejaban de los conceptos del shibari pero que me permitían potenciar la parte emocional que me interesaba. Estaba un poco colapsado, porque no me interesaba mucho a nivel técnico la dinámica de los atados que conocíamos. Siempre nos han dicho a Kuss y a mí que en los espectáculos, por alguna razón, transmitíamos mucho. Algo pasaba ahí. Me planteé potenciar eso, sin saber exactamente qué era, y me di cuenta de que los atados de shibari tradicional iban en contra de esa energía que explotaba en el escenario. Entonces empecé a buscar una forma de atar más acorde a mi flujo y manera de expresarme. Y también me empecé a plantear el tema de la estética de las cuerdas. Yo vengo de una cultura visual, hace tiempo trabajé con pintura y escultura, así que veía una contradicción entre las ataduras tradicionales y mi tendencia a una estética más occidental y abstracta. Adoro el arte contemporáneo, sobre todo los pintores americanos del expresionismo abstracto, Rothko, Pollock… Y en su trayectoria hay un momento en que su estilo colapsa, encuentran de repente un territorio que es totalmente suyo, donde nadie puede entrar. Si alguien se aproxima a la forma de trabajo de Rothko o Pollock ya es un Rothko o un Pollock. El arte japonés no necesita romper con la tradición sino que enlaza con ella, incluso el manga enlaza perfectamente con la ilustración de su edad media. Pero el artista occidental es más egoísta, busca su propio territorio. Pensando en esta estética de lo abstracto, del brochazo y del goteo empecé a trabajar para la primera exposición del EURIX.

Participaste en la sala Clamores con Kuss en el triangular de shibari, durante la primera visita a España de Akira Naka. ¿Qué recuerdas más de esa experiencia?

Pilar LaOtra, su pareja, Kuss y yo éramos una pequeña familia, nos queríamos mucho. Pilar es fotógrafa, y por aquel entonces hizo una exposición impresionante con una marchante-comisaria en Madrid. A esa marchante le fascinó el mundo del shibari y le sugirió a Pilar hacer algo en Madrid. Pilar propuso traer a Akira Naka de Japón y montar algo con la gente de aquí: ella hizo su espectáculo con Sita y yo mostré con Kuss el trabajo desarrollado para el EURIX. Esa actuación fue clave. Estábamos en el mismo hotel que Naka, desayunábamos juntos, y una mañana Pilar llevó el calendario de Tentesion en que aparece la primera imagen en que se ve mi ruptura, en la que tenía, por supuesto muy humildemente, esa sensación de haber encontrado un territorio que me pertenecía a pesar de seguir siendo shibari. Naka vio la imagen, dijo “interesante” y siguió desayunando. Y pensé: “realmente no tengo nada que ver con él, lo que hace me produce a mí la misma sensación que a él lo que yo hago”. Me di cuenta de que no tenía nada que ver con la tradición japonesa… Cuando estudias shibari parece que te tenga que fascinar todo lo japonés, pero más allá del sushi, las chicas guapas y el shibari, ni comprendo ni me interesa demasiado lo japonés. Hace poco empecé a hablar conscientemente de esta transición, mi curación de la gripe japonista. Porque el shibari no sería así si no fuera por los japoneses, pero no somos japoneses. En teoría si haces shibari bien hecho tiene que aflorar la esencia de atador y modelo, ¡pero si dejo salir lo que tengo dentro no sale un japonés, sino un vallisoletano! [Risas] Con su temperamento, su estética y su manera de componer. Todos hemos estado ahí, pero me resulta cada vez más contradictorio el shibari de kimono y decoración japonesa… Desde esa ruptura en Madrid me siento liberado.

¿Surgió entonces tu nick de “Alberto No Shibari”?

Fue un poco antes… Cuando empecé me puse de nick “Shibari”, a lo loco, cuando ni sabía lo que era. Con el tiempo quise cambiarlo, en parte porque fue una petulancia y en parte por mi evolución personal. Probé muchas alternativas hasta llegar a NoShibari… En castellano o inglés, “no” es partícula de negación, pero en japonés “no” es partícula de pertenencia: Alberto No Shibari en japonés significa “el shibari de Alberto”, mientras que en castellano es “Alberto no hace shibari”. Con esa dualidad me siento liberado: no me preguntes por el shibari, porque lo que yo hago es No Shibari. En paralelo, yo había estado investigando ataduras con las manos desatadas, porque Kuss no podía mantener las manos atadas a la espalda demasiado rato por problemas de hombros y cervicales. Gracias a ello vimos que las manos eran un importante elemento de expresión y encontramos la vía hacia la estética barroca, que me interesa muchísimo. Y resulta que Osada Steve comentó una foto de Fetlife en que la modelo aparecía con las manos desatadas. Decía Steve que la primera idea del hojojutsu era inmovilizar las manos del prisionero para evitar que te agreda. Lo comentaba en los cursos muy jocosamente: “si no atas las manos de la modelo, te puede agarrar de los cojones” [Risas]. Yukimura también empezaba por las manos, porque es la primera sensación de la modelo de estar a merced del atador. Para Steve, si las manos no están atadas la línea del shibari con el hojojutsu se rompe y entonces ya no es shibari, es “no shibari”. Y esto encajaba perfectamente con lo que me estaba pasando a mí.

Buscas una estética diferente, mencionas que barroca, pero ¿qué elementos conservas de la estética japonesa?

No quiero perder lo que hemos aprendido de los japoneses. Las cuerdas tienen una arquitectura propia que se impone a ti, no puedes ir en contra de cómo funcionan… Cuanto más lo asumas mejor atas. Los japoneses ven esa arquitectura desde que nacen, tienen una línea centenaria sobre todo tipo de atados y un vocabulario de cómo atar personas, no vacas o macetas como nosotros. La única herencia occidental son los nudos de pescadores, escaladores o cowboys. Puede ser un sesgo de mi observación, veo que cuando los occidentales van a aprender a Japón, hay un periodo en que atan de forma muy japonesa. Pero con el tiempo, si no siguen estudiando en Japón, su estética deriva de nuevo hacia lo occidental. Y en vez de luchar contra eso viajando una y otra vez a Japón para recuperar la forma japonesa de atar, creo que hay que hacer lo contrario, dejar salir lo propio, pero huyendo de la forma de atar de pescadores y cowboys. Lo que hacen los Two Knotty Boys y los americanos tiene aún su relevancia, pero para hacer shibari hay que evitar caer en esa forma de atar influenciada por el macramé y los atados funcionales decorativos. Para eso hay que mantener el contacto con los japoneses, pero sin que tengamos que atar exactamente como ellos. Hay que conservar los conceptos claves, especialmente la comunicación de Yukimura, olvidar la forma de la cuerda y simplemente seguir su arquitectura… Hacer shibari significa estar conectados con los japoneses para que no nos invada nuestra manera bárbara e iletrada de atar personas.

¿Has vivido incidentes a lo largo de tus años como atador?

Muchos problemas vienen de que la anatomía de las mujeres occidentales, su tamaño, complexión y peso, hace que fallen tarde temprano los atados japoneses, diseñados para mujeres japonesas. Los problemas graves que he tenido, básicamente lesiones en el nervio radial, han venido de atar con técnicas que debería haber modificado. Algunos problemas serios, por suerte no irreversibles, creo que el periodo de convalecencia máximo ha sido de un mes… Pero es una lesión seria, porque obligas a la persona lesionada a un cambio en su vida y su trabajo. Parte de mi trabajo técnico busca evitar lesiones así. Para la modelo es un incidente grave, pero para el atador también: es horrible la sensación de dañar a alguien que ha puesto en tus manos su salud y su confianza. En alguno de estos incidentes he tenido ganas de abandonar las cuerdas para no volver a sentir esa sensación. Por suerte luego se pasa, como cuando te caes de la moto, pero ahí queda un poso que causa efectos secundarios. Además, las personas con las que he tenido accidentes graves son aquellas con las que estaba más ligado emocionalmente, y esa emocionalidad produjo la situación de peligro, hizo que perdiera un poco el control. He atado a centenares de personas desconocidas, ahí nunca ha habido problemas, pero con quien había cercanía emocional he bajado la guardia. No he tenido incidentes de otro tipo más allá de alguna pequeña distracción.

¿Por qué en el shibari se ven menos hombres atados que mujeres?

Si hubiera más mujeres atadoras habría muchos más hombres que quisieran ser atados. Los hombres heterosexuales, salvo excepciones, no suelen tener interés en que otro hombre les toque… La primera fase de las ataduras es morbosa, tiene que haber un interés no solo en lo estético y en la experiencia sensorial. Ahora que en los proyectos con Tentesion hay una atadora regular vienen más hombres a vivir la experiencia. Yo he atado hombres y la verdad es que no es lo mismo, tampoco para mí, porque a nivel funcional somos más grandes, más pesados, menos elásticos… Y el contacto no invita tanto al disfrute, aunque yo no haga un shibari sensual.

¿Qué relación ves entre dolor y shibari, lo que ha venido a llamarse semenawa?

El dolor en el shibari me parece un error, una rémora. Todos hemos entrado en el shibari en el ambiente BDSM, pero ha sido una circunstancia, no una razón. Hay una contradicción ahí. El concepto de sadomasoquismo no estaba en el shibari original de Itoh Seiyu, sino el concepto de tortura. En el biopic de Itoh Seiyu hay una escena clave en que dice que él reproduce escenas de tortura de grabados antiguos. Como por entonces llegó la fotografía a Japón, había costumbre de recrear escenas antiguas, como con con la Semana Santa aquí… Las suspensiones eran el castigo de las mujeres adúlteras para exponerlas al público: las suspendían en el dintel de la puerta jugando con esa idea japonesa de que el castigo es la humillación. Seiyu reproducía las torturas medievales literalmente, no tenía la sensación de estar aplicando un tratamiento sádico para que la receptora disfrute. Cuando está atando y azotando a su cuñada y ella sonríe, él se sorprende… Esa escena para mí es clave, porque indica que él no estaba haciendo sadomasoquismo: tenía una pulsión sádica sexual, pero no había consenso. El shibari original no era BDSM, no era sadomasoquista. Después se incorpora al mundo del sadomasoquismo actual: de manera consensuada e intentando entender los mecanismos placenteros del masoquismo. Eso significa que estamos heredando algo que no es exactamente lo que queremos.

Sin embargo, hay una línea que bebe directamente de la idea del shibari como reproducción literal de las torturas medievales… En mi trabajo intento huir de eso. El shibari no debería doler: para mí el dolor en el shibari es un fallo, un error. Hay momentos de las suspensiones en que aparece momentáneamente dolor, pero en el momento en que hay un dolor localizado la magia desaparece, porque la persona que lo está sufriendo se concentra más en el dolor que en la sensación más general y total de abrazo que quiero lograr con las cuerdas. A veces trabajo con personas masoquistas que necesitan que incorpores el dolor en el atado, eso sí. Pero trabajo con muchas personas que no son masoquistas, y noto que es precisamente el dolor el que impide que el atado cause el efecto que yo quiero.

¿Has explorado otras formas de inmovilización? Cadenas, telas, vendas…

He trabajado un poco con tela como simple experimentación plástica cuando empecé con la idea de heredar la estética de la pintura abstracta en los atados. Pero no hay nada como las cuerdas de yute y su flexibilidad, rapidez, sensación… Sí he probado con diferentes grosores de cuerda: a veces finas, otras veces echo de menos las formas tradicionales de las cuerdas de 6 mm o 7 mm… La variación va más por ahí que por cambiar el material.

¿Cómo negocias una sesión de shibari con una persona desconocida?

Intento no negociar nada, solo me preocupo por las limitaciones corporales: lesiones, estado físico. Me he acostumbrado a escuchar. Con las personas que no conozco no saco las cuerdas desde el primer momento. Con la excusa de estirar y flexionar, y también para que la persona no se ponga en guardia, intento medir hasta qué punto puede flexionar los brazos, tiene rigidez o flexibilidad, está más o menos dispuesta a dejarse llevar… Una primera fase de tanteo. Cuando todo funciona no hacen falta casi ni cuerdas, porque encuentro posiciones y encuentro sensaciones interesantes. Eso me sirve para no racionalizar lo que va a pasar después. Si hay una persona que nunca ha hecho shibari no puedes preguntarle qué puedes hacerle o no porque no lo sabe, se puede estar cerrando a posibilidades que no conoce. No le veo utilidad a la negociación previa.

¿Y negociación en cuanto a la cantidad de intimidad física que va a haber?

No, tampoco. Normalmente con las personas con las que empiezo a trabajar nunca llego a ningún tipo de contacto sensual o sexual. Tengo que tener una relación de otro tipo para eso. Sí es verdad que cuando trabajo a menudo con alguien llego a un nivel de confianza y añado la parte genital a las sensaciones, un matanawa por ejemplo. Pero yo veo si se puede o no. Lo noto. Para mí casi no es necesario preguntarlo, porque sería plantear una situación que a lo mejor ni se va a dar. Es mucho más práctica la escucha, incorporando un componente muy efectivo de sorpresa. Salvo que sea muy evidente que hay una parte sensual, normalmente no te tengo que preguntar si puedo tocar las tetas porque nunca toco las tetas o no voy a preguntar si puedo pasar una cuerda por el coño porque nunca lo hago salvo que sea tan, tan evidente que va bien que no pueda no hacerlo. Y eso no pasa casi nunca.

¿Cómo debería ser la comunicación atador/modelo durante una atadura?

Es difícil de explicar, porque es una comunicación totalmente irracional. Esto lo decide la modelo siempre. Yo llego hasta donde me dejan y hasta donde la modelo puede ir. Siento como si hubiera capas invisibles en una persona… Por ejemplo a nivel sensorial: si ato a alguien masoquista trabajaremos más la presión intensa o los puntos de presión y de dolor. Si no, trabajaremos con la parte más de danza y movimiento. Si veo que reacciona bien al contacto de piel, hay más contacto de piel, si se pone rígida al contacto entonces hay solo contacto de cuerdas. Luego está el movimiento: hay modelos que se quedan como muertas, otras que son como un tronco rígido de árbol. Una sesión de atado son propuestas y respuestas en función de la reacción, micropalabras no verbales: “quiero hacerte esto”, “uy, por aquí vamos mal, propongo otra cosa” hasta encontrar la manera. La intención final de mi shibari es sacar a la persona con la que trabajo de su tiempo y de su espacio. Eso es complicado, no siempre se consigue, pero me basta con conseguirlo un solo instante. A veces basta un abrazo o una presión, a veces tengo que suspender y dar mil vueltas… Solo llegando hasta donde me permiten, y eso solo se puede saber con la escucha intuitiva.

Aparte de atar, ¿practicas alguna otra actividad que te ayude a ser mejor atador?

No. Atar. [Risas]

¿Cuál crees que es el mejor acercamiento para un neófito que quiere aprender shibari? ¿Qué tipo de aprendizaje debería seguir?

Alguien que no sabe nada de shibari tiene que aprender con un japonés. Es imprescindible. Pero salvo que sea millonario y pueda irse a Japón tres meses no podrá hacerlo… Y una clase de cinco días con un japonés, si no sabe nada, tampoco podrá aprovecharla. De modo que necesita un pre aprendizaje previo de los conceptos básicos y una mínima habilidad en el manejo de las cuerdas… Y estaría bien que ese aprendizaje previo lo hiciera con alguien que a su vez haya estudiado directamente con un japonés. Porque si no el aprendizaje del shibari empieza a ser como el juego del teléfono en el que un mensaje recorre veinte personas en fila y al llegar al final es completamente diferente. Y sin esa línea directa, el neófito puede adquirir muchos vicios, su memoria manual estará contaminada y le será muy difícil aprender lo que le enseñe finalmente el profesor japonés.

¿Qué requisitos crees que debería tener alguien para impartir clases y talleres de shibari?

Por esta misma razón, el primer requisito es que haya estudiado con japoneses, aunque sea cuando ha podido, como he hecho yo. Muchas veces no es lo que te está diciendo el profesor japonés sino lo que ves: hay algo ahí que no se puede entender sin verlo. A ser posible, con modelos japonesas también… Para tener en la cabeza esa chispa que nos aleje de la manera occidental de atar. Y luego debe tener capacidad de enseñar y transmitir cristalinamente la información sin modificarla. Últimamente se está referenciando poco. Hay gente enseñando figuras sin identificarlas: este arnés es de Kinoko, este takate de Naka… Se está perdiendo la relación con el origen. El profesor tendría que conocer la historia del shibari, la línea que une a Itoh Seiyu con lo contemporáneo. Es interesante enseñar tu propio estilo o experimentación, pero primero hay que transmitir la línea clara del shibari. No al revés.

¿Cuándo crees que un nuevo atador está listo para empezar a suspender?

Hay quien dice que hay que hacer muchos atados antes de la primera suspensión, y otros, como yo, decimos que hay que hacerlo lo antes posible. Hay que dar los recursos mínimos para hacerlo y acompañar cuando lo hagan.

¿Cómo tratas los riesgos asociados a que alguien novato suspenda?

El mayor riesgo es que lo intente hacer sin supervisión y sin saber lo que implica. La primera vez es difícil hacerlo más o menos bien, hay que enfrentarse a la situación real, con todos los peligros que implica. Así, la próxima vez que lo intente ya tendrá una referencia. Pero si lo intenta por su cuenta por esa ansiedad que tenemos todos por suspender, sin supervisiones y sin tener la técnica mínima, el peligro para mí es mucho mayor. Esto lo digo además por experiencia porque lo hago en mis cursos. Incluso si no has acabado de entender del todo el takatekote o incluso si te cuesta trabajo hacer el nudo básico, enfrento a mis alumnos con una suspensión. Y claro, se les caen los pantalones del susto. Pero lo hacemos, y veo que el respeto hacia una suspensión es mucho más verdadero cuando lo hacemos así que cuando alguien dice “he suspendido a mi prima en casa…” pienso que no sé lo que habrá hecho, pero su prima debería tomar precauciones.

¿Qué opinas de los atadores autodidactas, que no han asistido a talleres o clases de maestros pero que han aprendido por otros medios (observación, libros, tutoriales)…?

Yo he sido atador autodidacta, y evidentemente si eres autodidacta es porque no puedes o no tienes acceso a las clases. El problema es el desdibujamiento del shibari, porque tiene cosas que no se pueden aprender a través de fotografías o vídeos. Y si estos autodidactas luego quieren aprender shibari lo tendrán muy difícil, porque habrán desarrollado técnicas y vicios que pueden estar en contradicción con la verdadera forma de hacerlo. Lo digo por propia experiencia: en los primeros cursos con Osada yo notaba que lo que había adquirido me impedía hacer las cosas tal como él explicaba. Dicho esto: si alguien estudia con los muchos medios que hay ahora, trabaja honestamente y comprende la comunicación con la persona atada, puede llegar a una conclusión válida. Pero el shibari viene de lo japonés: quien no haya pasado por ese punto estará probablemente confundido.

A menudo se dice que para aprender shibari hay que repetir una y otra vez las figuras, como si fueran katas de artes marciales, antes de improvisar o realizar variaciones. Otras líneas buscan más espontaneidad desde el primer momento. ¿Cuál crees que es el mejor acercamiento?

La repetición es imprescindible. Es un mecanismo neurofisiológico: primero aprendes un atado con el cerebro, y a fuerza de repetirlo llega un momento en que el atado está en tus manos y brazos, no en la mente. La única manera de crear memoria muscular es repitiendo. Después tus propios músculos o tu propia manera de pensar te sugieren otros caminos, la evolución de tu estilo. Pero antes hay que grabar el primer camino en las manos. Quien está pensando por dónde tiene que ir la cuerda se olvida automáticamente de la otra persona.

¿Crees que es una ventaja para el atador ser atado habitualmente, basta con haberlo experimentado alguna vez, o no tiene importancia?

En mis cursos intento no dirigir la enseñanza a parejas sino a personas, de modo que practiquen entre ellos. Conocer, al menos al principio, las sensaciones que produce lo que vas a hacer me parece clave. Pero en esto soy contradictorio. A mí no me gusta que me aten, así que no sé exactamente qué se siente. [Risas]

¿Qué atadores en activo te parecen más interesantes y por qué? Idealmente elige uno de España, uno de fuera y un japonés.

Como explicaba antes, no me interesa el shibari que necesita la tortura y modelos masoquistas para desarrollarse, esto reduce casi a cero mi posible elección, dicho esto, creo que en España empezamos a tener un nivel aceptable a pesar del retraso con respecto al resto de Europa y destacaría a una atadora, Pilar Aldea, que para mi es el mejor ejemplo de expresión personal e integración de distintas formas de arte alrededor de las cuerdas. En Francia está Nicolas Yoroï, que, para mi, es el atador que mejor ha sabido destilar las enseñanzas del shibari japonés para encontrar un camino personal, un territorio propio de gran belleza estética. Y, aunque no estoy muy al tanto de otros atadores que empiezan a surgir de Japón y no conozco en directo su trabajo, me interesa Bingo Shigonawa, como ejemplo de esa mezcla tan interesante de tradición y actualidad que me fascina de cualquier disciplina japonesa.

¿Por dónde crees que evolucionará el shibari a partir de ahora?

El shibari, tal como se muestra en las redes sociales y publicaciones, es una práctica minoritaria en la que, pasada la primera etapa de curiosidad morbosa, muy poca gente evoluciona hacia algo que vaya más allá del juego o la alcoba. No creo que eso vaya a cambiar porque, a pesar del esfuerzo que se ha hecho por sacarlo de los ambientes BDSM, sigue teniendo un aura de perversión sadomasoquista y un estigma de apología del abuso que impedirán que sea en una práctica mainstream y alcance circuitos que permitan la profesionalización.
Por esto, creo que a corto o medio plazo seguiremos como estamos, con mucha gente acercándose curiosamente al tema y abandonandolo en poco tiempo, con una minoría de atadores, modelos, fotógrafos, clubs, trabajando con más voluntad que medios y algunos intentos totalmente desenfocados por cuenta de algunos locales de ocio o comerciales intentando integrar el aspecto circense del shibari sin éxito.
No es una visión pesimista porque creo que el shibari, en su formato actual, no puede ser degustado en amplios aforos, es una experiencia para la cual se requiere una situación muy concreta de intimidad y ambientación. Quien tiene la oportunidad de vivir, como participante directo o espectador, una sesión en condiciones óptimas sabe que es algo único en lo que merece la pena participar. Y es esto lo que yo creo que si va a evolucionar, la minoría de atadores que hagan un trabajo digno serán cada vez más solicitados por quien esté verdaderamente interesado en la experiencia que, después de la primera fascinación por las imágenes encontradas en internet, aprenderá a apreciar el trabajo bien hecho.

¿Cómo ves a la nueva generación de practicantes y modelos?

Dentro de lo minoritario de la escena, de un par o tres de años a esta parte hemos visto una eclosión internacional de espacios, cursos, eventos, encuentros, atadores y modelos, si se sigue de cerca los distintos canales de información da la sensación de que hay una intensa actividad y que nunca como ahora ha habido tanta información y facilidad de acceso a los conocimientos.
Realmente vemos que los procesos de formación que antes nos costaban años y una gran inversión ahora se cumplen en ciclos mucho más cortos y proliferan los circuitos de compartición de conocimientos que hacen mucho más asequible el ciclo de aprendizaje de la técnica, pero sigue siendo muy elitista el acceso a la formación directa con profesores japoneses, así que está cambiando la proporción entre los atadores que acceden a conocimientos de primera mano y los que aprenden “de oídas”, sobre todo en países como el nuestro que está en una situación económica casi tercermundista. Esto no se si es bueno o malo, posiblemente generará un gran desfase entre las distintas formas de entender el shibari, aumentará la diversidad creando un ecosistema similar a otras actividades como la música, en las que ya no es posible asegurar si hay “buen” o “mal” shibari sino que habrá tendencias, estilos, fusiones, mestizajes, etc, en todo caso una perspectiva interesante.
Donde sí que veo carencias en las actuales generaciones es en la evolución de lxs modelxs, porque mientras que la actividad formativa se desarrolla casi integramente orientada a la técnica y trabajo de lxs atadorxs, hay muy poca atención al trabajo de quien recibe las cuerdas, quizás una tendencia perniciosa heredada de los profesores japoneses para los que la modelo simplemente tiene que “relajarse y disfrutar” mientras el master de las cuerdas hace sus cosas.
Creo que en el lado de lxs modelxs hace falta un trabajo muy importante, quien ata no puede ir más allá de donde llega quien recibe las cuerdas, y eso se está olvidando, o lo que es peor, consolidando una situación donde quien es atado es un objeto contenedor de las maravillas que hace el atador y a quien simplemente se le pide, o peor, se le exige, que aguante estoicamente hasta el final de la sesión. Quizás esto está influenciado por la situación en la que la práctica pública del shibari está restringida a los locales de bdsm, y espero y deseo que esta tendencia evolucione, lo más rapidamente posible, a una situación donde se considere que quien recibe las cuerdas tiene tanto o más que decir que quien las da.

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